Encontramos al monolito
En medio del lugar donde
Alimentábamos las aves del parque.
Su piel recién pintada
Con los misterios de noche profunda
Nos presentó con el reto inmensurable
De aquellos días.
Si mis dedos recorrieran
Su intransigente superficie sangrante
Y enfermizamente amarilla,
Quedarían mis yemas
Testigos de la muerte
De algún viejo amigo.
Tu padre, o el recuerdo del mío,
Posó sus pies en lo más alto,
Impregnando el obelisco de ojos verdes
Con un sacrificio de hambre
Que mató festejando
Sobre las gélidas losas del palacio.
Y si reí
Fue porque ya estaba borracho
Y la sonrisa fue tan solo
Una alucinación
Intoxicada de pérdida,
Al otro lado del muro
Donde fusilamos la razón
Una tarde veraniega,
Aún cuando entendimos
Con claridad severa
Como funciona en muerte
El mecanismo
Del reloj en el vacío
De nuestros fantasmas
En aceleración continua
Al estrellarse
Contra la pintura mojada
Sobre un cuerpo de piedra.
Y vimos, mientras
Lentamente escuchamos
El picoteo de
Aves en su ritual frenético
Como el contorno del fantasma,
Se levantaba,
En la fijación
Agonizante
Por parte de un sol
Que no conoce de perdón,
Sobre el monolito, que creció
Tímidamente en medio
De la cacofonía
De nuestro silencio.
Las palabras morían,
Una a una
En el vientre
De nuestras
Tibias gargantas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por tomarte el tiempo de reaccionar a mi trabajo. Es para mi un verdadero honor el que lo hagas. Ayudame a evolucionar. Sé en verdad sincero.