jueves, 11 de noviembre de 2010

Manual para el hombre sin religión

Colgados alrededor del cuello

Llevo similitudes y virginidades.

Tengo tatuado en la frente

Mil religiones.

No olvido los rezos ni las canciones

De todo aquello que adoramos

Al crecer.

Supe amar,

Siempre que el perdón y el recuerdo de este

No fuera tan solo un simple rincón

Que llené con telarañas y el polvo

De mi alma en desuso.

Me gustaría hablarte de un dios compasivo.

¡Pero mira la hora!

Se ha hecho tarde,

La sangre viril y mártir

Se coagula.

En venas que corren por las calles.

Pecan, para que nosotros no tengamos.

De sus santidades,

Dibujaremos entre las líneas,

Del cuaderno de un niño; congregaciones.

Alzamos estridentes alabanzas

Que encenderán un recuerdo pasajero

En la sutileza decimal

De nuestras neuronas.

La fe embriaga cuerpos

Pero no espíritus.

Calmará el dolor

Pero abre la herida

Infla egos y pinta sonrisas,

Aunque al final,

Nos arrastremos

Sobre las montañas de polvo y arena.

Caminaré entonces, yo al frente,

Con tobillos alados

Mil cien niños a mis espaldas.

Los dirigiré sobre tierras

Hechas fértil, por medio de guerras, debilidades.

Solo cruzarán los mares,

Que puedan beber en mi nombre

Y solo comerán el cuerpo,

Mientras yo tenga vida.

Llenaré de ritos sus libros.

De celebraciones insectinas,

Serán socorridos

Sobre el lecho de muerte

Para que alcancen otro cielo

Más verde,

Otro universo de estrellados

Crayones y matices

De negro, de fieras

Que se alimentan en pastizales

De fantasmas que recorren

De rodillas los senderos

Hacia el río.

Llegaremos, algún día.

Será de noche,

La luna brillará amarilla,

Como cansada,

Mientras el puñal ajeno

A mis carnes

Alimenta las naciones

Y en sus gritos de oraciones

Me llamarán padre.

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Gracias por tomarte el tiempo de reaccionar a mi trabajo. Es para mi un verdadero honor el que lo hagas. Ayudame a evolucionar. Sé en verdad sincero.