Bajo la lluvia
Se predijo entre fieras
El día en que acabará la música,
La respiración medular de la última célula
Se olvidará en apagar la luz
A la salida
Del corazón cósmico
Que conocimos como ayer.
Herejes azules
Se levantarán por mano de los místicos.
Su silencio será el horizonte
De la última palabra.
La serpiente derramó
El jarro con sus iniciales,
La moneda de plata rodó entre las épocas
De aquellos relucientes
Ojos de ratas
En su bajo mudo.
Es cierto que nuestros pies,
Coronan sus santos
Y el eco de las pisadas
Marcan el ritmo de la
Caída de sus imperios
Y reyes.
Recorrimos su calle infinita
Antes del amanecer.
Acampamos al lado
De la carretera.
Los últimos andantes,
Si eso eran,
Se dieron a las fieras.
Ahora, en la carroña
De su abandono
Crecen yerbas,
Altares de gloria
Y nueva vida.
Su sacrificio alimenta
El rugido del silencio
Al cual nos levantamos
Aquella noche a mitad del día
Con la serpiente, a un lado
Y los pedazos del jarro,
Al otro.
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