jueves, 11 de noviembre de 2010

Más bien, otra profecía

Bajo la lluvia

Se predijo entre fieras

El día en que acabará la música,

La respiración medular de la última célula

Se olvidará en apagar la luz

A la salida

Del corazón cósmico

Que conocimos como ayer.

 

Herejes azules

Se levantarán por mano de los místicos.

Su silencio será el horizonte

De la última palabra.

 

La serpiente derramó

El jarro con sus iniciales,

La moneda de plata rodó entre las épocas

De aquellos relucientes

Ojos de ratas

En su bajo mudo.

 

Es cierto que nuestros pies,

Coronan sus santos

Y el eco de las pisadas

Marcan el ritmo de la

Caída de sus imperios

Y reyes.

Recorrimos su calle infinita

Antes del amanecer.

Acampamos al lado

De la carretera.

Los últimos andantes,

Si eso eran,

Se dieron a las fieras.

Ahora, en la carroña

De su abandono

Crecen yerbas,

Altares de gloria

Y nueva vida.

Su sacrificio alimenta

El rugido del silencio

Al cual nos levantamos

Aquella noche a mitad del día

Con la serpiente, a un lado

Y los pedazos del jarro,

Al otro.

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